Friday, July 23, 2021

El Tapón: Short Story

 El Tapón:

Las cuatro de la tarde son la peor hora para ir por el expreso, diablos. Guiar con cerdos y burros por todos lados, no solamente incomoda, es tedioso y agotador. Si vas a salir del trabajo, procura salir antes o después del desmadre este. Una vez tienes a un cabro de frente, te lambiste media hora de espera más de lo usual. Si tienes que ir a mear, tírate para la acera con cuidado, porque están los subnormales que rompen reglas. Detrás le siguen los cerdos para multarlos. Iris siempre me dice que los que montan cabros solo demuestran su inseguridad y su ego magnánimo.

Iris siempre da buenos consejos e historias cuando vamos de paseos en vacaciones. Una vez nos detuvimos a tomar fotografías al océano y me contó de un amigo sumamente distraído. El simio vivía por su familia cundida de dinero, sino estuviera en la calle. Me cuenta que es tan imbécil que no sabe diferenciar centavos de pesetas. Le digo que no me suena a imbécil, sino a alguien ignorante en el diario vivir de la pobreza. Ella me refuta que así no se puede vivir, aquí uno trabaja hasta morirse y el “manganzón” ese ni contar sabe; tenía razón en esa. Me termina la historia diciendo que algún día quisiera ser rica para saber como se siente y gritarle soeces a los demás sin sufrir consecuencias.

Ah, se movió tres pies más; quizá llegue al apartamento en dos horas y media. Uno nunca sabe lo que el día te puede traer, mucho menos con qué la tarde te golpee. Una vez suenan las bocinas, los aullidos animalísticos se propagan como la ola de tsunami. Y ahora la famosa sirena del cabro prepotente que no le gusta esperar, “Que se muevan o los muevo,” dice, pero ni cuernos tiene para cumplir. Iris le hubiera gritado devuelta con la misma energía y odio que tenía en voz de balido cuernudo.

Mi escarabajo móvil apenas me lleva del trabajo al apartamento y viceversa, pero no le puedo tirar mal al que me transporta a diario. Una vez, por poco dejo el escarabajo a mitad de expreso; por suerte era de noche y nadie se atrevería a robarme en este transporta excremento. Aunque quizá sí consideraran balearme al confundirme con algún chamaco idéntico a mí. Sucedió anteriormente, pero la suerte de mi lado, vieron que el escarabajo era muy “de pobre” para que sea el que buscan. Le debo mi vida a este cochambroso desastre que me lleva.

Ay, por fin, diez pies más. Y pensar que solo llevo trece minutos sin moverme; es el avance más grande que he visto en mucho tiempo. Iris estaría en desacuerdo y me diría que tocara bocina y sea mas asertivo. Siempre fuimos polos opuestos, pero aun así la amo. Algunos dirían que habla como camionero; yo diría que se comunica de manera diferente y con elocuencia. Que come como ballena, pero en realidad tiene un apetito extravagante. Otros dirían que siempre es entrometida y habla fuera de lugar; yo digo que es sociable y nadie le da la opción de expresarse. Todos tenemos un punto de vista inusual de vez en cuando.

Que belleza, dos pies esta vez. Yo solo quiero acostarme con Iris en el sofá-cama y contarle de mi día; raramente lo hacemos. En los momentos que sí ella me cuenta de como su compañera le está tirando la “labia monga” a su jefe, y él ni cuenta se da. Mucho habla de otro compañero de trabajo que intenta “meterse en los pantalones”, pero ella me asegura que le cae mal. Yo confío en ella.

Oh, que vemos aquí? Media milla transcurrida? Veo un viaje prometedor, este. “Estas igual de pendejo que Ricky, mamón,” suena la sirena odiosa de un burro más. “Él hiso más por este país que tú, imbécil,” le responde un efímero neandertal. Y pensar que este viaje se convirtiera en discusión política en brinco y medio. Siempre me reservo los comentarios controversiales, pero Iris le cantaría, “Chorro ‘e tráfalas, grítense pal carajo con su mai’,”; su elocuencia divaga en algunas ocasiones, debo admitir.

Ah de esperarse, un pesca-oportunidades galopando al lado por el césped. No sorprende ver a alguien montando Mustang “sato” cerca del expreso, seguido de otros pesca-oportunidad. La dualidad y contradicción de este país; un país donde encuentras el campo y área metropolitana en el mismo lugar; ese mismo lugar es el expreso. Nunca hay una transición limpia, mucho menos coherente, cuando se trata de la visualización social aquí. Iris les saludaría, pues uno de ellos es primo y otro es “jevo” de la hermana que no ve desde que se mudó.

Ahora avanza más el tránsito, poco a poco obligándome a llegar a mi apartamento. La radio no tiene nada más que noticias a esta hora: el gobernador hace tal cosa, los alcaldes botan aquello, la AEE roba otro poco más de los que intentan subsistir con lo misero que ganan, la corrupción inevitable y consiente, y finalmente algún famoso, nacido aquí, nos da su “apoyo” desde la gran mansión en “que-sé-yo-donde”, fuera de la isla.

Ya logro ver donde termina la pesadilla; solo un poco más. Que haré hoy para comer? No quiero malgastar lo poco que tengo en algún “fastfood”; también estoy muy cansado del día. Mejor tiro unos pedazos de la pizza de ayer, calentar y “pa’ dentro que pa’ luego es tarde”. De tantas opciones y pensar que ninguna basta para un pobre estudiante con un buen futuro por delante.

Por fin termina el terror de esperar, escuchar idioteces, ver barbaridades, oler la putrefacción de este país y sentir cada “boquete” que hay en la calle. Llegar, descansar y amar. El viaje fue sumamente tranquilo, a diferencia de algunas ocasiones.

La puerta que veo cada día abre lentamente. Dando, ya, las cinco con treinta y siete.

Ah, es cierto. Ella me dejó.